Despuès de una hora de espera, decidì irme. ¿Què podìa ganar, en definitiva, insultando a esa imbècil? Por otra parte, durante ese lapso rumiè una serie de reflexiones que terminaron por tranquilizarme: la carta estaba muy bien y era bueno que llegase a manos de Marìa. ( Muchas veces me ha pasado eso: luchar insensatamente contra un obstàculo que me impide hacer algo que juzgo necesario o conveniente, aceptar con rabia la derrota y finalmente, un tiempo despuès, comprobar que el destino tenìa razòn).

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