Punto de partida

Si interesa el porque de " El destino esa sombra " a continuacion se encuentra la respuesta...

El Destino, esa sombra

La obra transcurre en un lúgubre comedor. Es el comedor de la casa del padre, hombre de 57 años, de clase media venida a menos, y del hijo, un muchacho de aproximadamente 30 años. Es una noche lluviosa. El hijo aparece iluminado, el padre en penumbras sentado en una silla con los brazos sobre una mesa de rústica madera; sólo se advierte su silueta. También hay una ventana, un reloj de pie y un televisor algo antiguo.
(Comienza el sonido de lluvia de fondo, que se escuchará durante toda la obra. Luego empieza el coro de Silvio Rodríguez.)
Hijo: Cuando era chico me decías que me querías... siempre me lo decías, a cada rato.Después fui creciendo y... no sé... todo cambió. (Hace una pausa)Cómo llueve... ¿escuchás?... a veces la lluvia parece implorar algo.Cada vez hablamos menos, papá... Cada vez menos...Encerrados en un juego absurdo e hipócrita, en el que el miedo o el pudor nos prohíbe deslizar una caricia en el otro, huye nuestra vida como arena de los puños.Muchas cosas son las que desconocemos uno del otro. Sólo sabemos de formas, de miedos paradojales que dan seguridad... Somos como manos ciegas en la oscuridad de una noche buscando la certidumbre de una pared, de algo que ya tenga un nombre.Quiero hablarte de mis temores con la misma libertad que dibujaba a los cuatro años, sin importarme la dimensión del papel, con el valor de la inocencia.Quiero hablarte del amor... hablarte del amor sin tener que aclarar mi garganta. Quiero saber qué nos une además de la sangre. Quiero compartir el silencio sin que sea un vacío.(Hace una pausa.)El tiempo, que no busca nada, pasa. Y de la vida, ese instante, ese aplauso en el tiempo (aplaude), sólo queda un pálido eco en la memoria de los otros, y el vacío de la certeza. La certeza de saber que no fue suficiente, que no basta.(Comienza Tannhauser, de Wagner.)Todavía no me dijiste qué música te emociona, papá.¿No te pasa que al escuchar alguna música, la felicidad te atraviesa el cuerpo, y te dan ganas de saltar, de gritar, y sentís que todos tus sentidos están colmados, extasiados, y sentís que en un instante cabe la eternidad, y en un solo cuerpo la felicidad de un pueblo entero?Es que hay música que se compuso con el alma para el alma, y sin duda es allí donde la felicidad ocurre. Escuchar música, papá, es una gloria... escuchar música es como espiar el cielo... espiar el cielo.Me pregunto si serán felices los Dioses.Aún no sé cuál es tu Dios; si lo tenés. Si te atormenta el destino.Hay quienes creen que el destino de las cosas ya está escrito. Que sólo nos resta actuar conforme a una precisa letra que nunca vimos. Que la historia del hombre es un vasto dominó, en el que ya fue volcada la primera ficha. ¿Vos qué opinas? ¿Somos simples amanuenses del destino? Yo no lo sé... Pero tal vez de nosotros dependa. La victoria será secreta. Tal vez no nos demos cuenta.
(Declina la música. Se apagan las luces por un momento, y se encienden paulatinamente.)
Es difícil, viejo. Queremos vivir, y nos es dado morir en cualquier momento. Ahí sí que el destino obra por su cuenta ¿no? Porque así como no fue por mi voluntad que vi la luz en este siglo... no lo será, seguramente, mi muerte.El libro se cierra un día, siempre, pero uno nuevo tal vez se abre. No lo sé. La duda es un principio de certeza. Me acuerdo que me decías: El poema nunca acaba, se sigue escribiendo, hijo...se sigue escribiendo.(Hace una pausa, camina unos pasos.)Hoy por la mañana, en la estación de trenes, un hombre extendió los brazos al cielo y gritó: Algo que ninguna lengua puede describir; Algo que nuestros pobres sentidos no perciben, está ocurriendo. Es la piedra fundamental de la existencia. ¡Algo que sólo entienden los espíritus en el reino de los muertos! Todos reímos. Claro, era lo más fácil.(El hombre se acerca lentamente a la mesa, al padre.)Cada vez hablamos menos, papá.Por qué no hacemos el esfuerzo de ser nosotros mismos, de desnudarnos en cada palabra y dejar que hablen las almas.¿Te conté que hace un tiempo descubrí a una mujer increíble?... Sí... Una joven mujer que hizo redoblar el tambor de mi pecho. Es joven, espigada, clara como el alba y sensual como la noche.Le quería decir que con los ojos atados a la luna deseaba quitarle las prendas una a una, acariciar sus pétalos de piel, y acomodado por el viento, dormir en algún rincón de su cuerpo. Que deseaba contar sus lunares, abrigarla con mis brazos, y escribirle en todos los jardines de la vida poemas con tinta de limón, en hojas de hierba. Pero sólo me salió un hola... y bajito. Creo que ni lo escuchó, porque ni siquiera me saludó. (En voz baja y mirando hacia abajo.) ¡Qué boludo!Ni sé cúal es su nombre. Yo la apodé La dama blanca de piel de noche, pero te imaginás si llamo a la casa y le pregunto a la madre... sí, ¿se encontraría La dama blanca de piel de noche?(Hace una pausa, camina unos pasos hacia el público.)Aaaahh... ya estoy cansado del amor trivial, del amor pasajero, viejo. Quiero incondicionalidad en el amor como la hay en el agua, en la tierra, en el cielo. No quiero el amor cambiante como el fuego. Y no me importa si es fatal, si no se entiende. Quiero el amor más allá de los cuerpos, ¡quiero el amor irreductible ante la muerte!
(Se escucha un fuerte trueno y se apagan las luces por un momento. Luego se encienden paulatinamente.)
A veces creo que hay lugares en los que sólo ocurre lo que ya ocurrió. Como aquel lugar donde la vi a ella. Voy todas las noches. Con la esperanza renovada, me siento en la mesa de un barcito que hay ahí, y espero. Y mientras espero la veo en el recuerdo, dibujada como aquella noche en esa esquina, en un presente ilusorio. Sí... Hay lugares en los que sólo ocurre lo que ya ocurrió... Aquí mismo, viejo. Aún están las voces de niños, de hombres y mujeres, sus risas y sus llantos, como miguitas de pan metidas en las estrías de la mesa. ¡Qué bárbaro!, tanto se ha discutido sobre el hombre en el espacio y el tiempo... y lo que el hombre no olvida de un espacio es un tiempo.(Hace una pausa)Las aguas del tiempo no se detienen ante la muerte. Prosiguen su camino que es errar sin rumbo, vagar sin destino. Otra es nuestra suerte. No somos inmortales ni somos ángeles. ¡No somos inmortales ni somos ángeles! ¡Y la puta madre, nos pasamos la vida actuando como si lo fuéramos!, asumiendo estúpidos papeles, adoptando recias posturas, maquillados; y olvidamos... abrazarnos... ¡abrazarnos!... ¡olvidamos decir que nos queremos, que nos amamos!Es inútil secarnos las lágrimas o privarnos de ellas. La íntima herida permanece abierta hasta el último de nuestros días. Cada vez hablamos menos, papá... cada vez menos y menos, y más y más grande se vuelve la herida. Y no se trata de encontrar un culpable, papá, eso no. Se trata de querer sanarla, de buscar curarla.(Comienza el opus 22 de Chopin, hace una pausa, se frota los ojos.)Anoche tuve un sueño tan real que al despertar creí que comenzaba. Caminábamos sobre el murmullo de miles de hojas secas y amarillas, los dos con las manos tomadas en la espalda, despreocupados, en silencio. Íbamos con la levedad de un viento y con la paz de un suspenso. Cada tanto nos mirábamos y sonreíamos, como aprobándonos.Todo era claro, todo era puro y sincero como un pecho después de un suspiro.Suavemente, uno de los dos detuvo su marcha, y el otro siguió... siguió con los ojos vestidos de lágrimas, pero sonriendo.(Hace una pausa, declina la música.)(Se sienta frente al padre, le toma las manos y lo mira a los ojos. Mientras habla, una sombra comienza a proyectarse sobre la mesa.)Pero ahora que todo es vano como el secreto remordimiento y vacío como el olvido; que se apagaron los colores, los recuerdos y los sueños... y una sombra nos acompaña en la mesa, comprendo que esta tarde has muerto, papá... e ignoro si estoy vivo.(Se apagan las luces lentamente, comienza el coro de Silvio Rodríguez, y sube el volumen de la lluvia.)
FIN

Juan Matias Loiseau

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